06-10-2011 - 08:42:00 / NOTICIAS
En el Mes de la Familia y a unas semanas de celebrarse el Día de la Madre, vale analizar cuál es el rol de la mujer en una profesión sumamente demandante como lo es la abogacía, y cómo ellas sobrellevan la actividad al tener que desenvolverse en un ámbito tradicionalmente masculino.

Sin dudas, ganaron terreno y supieron marcar su espacio. Pero, ¿puede una mujer ser abogada, madre y esposa, y a la vez trabajar a diario en cuestiones que hacen a la defensa y el bienestar de los propios compañeros? La doctora Marisol Molina, especialista en Derecho de Familia, mamá, y actual vicepresidenta del Colegio Público de Abogados de la Primera Circunscripción Judicial, con su ejemplo, pareciera tener la respuesta: “Muchas veces hay que relegar a la familia para poder responder a las obligaciones diarias, sin embargo, son los hijos quienes, con sus justos reproches, nos hacen bajar de la vertiginosidad de esta profesión, y a la vez nos alientan a seguir luchando por nuestros ideales”.
Conjugar profesión, perfeccionamiento constante, jornadas laborales extensas, trabajo continuo de colegiatura y amor y responsabilidad familiar es una tarea difícil de equilibrar sin caer en el descuido de algunas de estas facetas. “Nada se consigue si no se trabaja con compromiso, amor y responsabilidad. Amor a uno mismo, amor por la familia, amor al prójimo, amor por los ideales. Este es el legado que les quiero dejar a mis hijos y el mensaje que llevo a los nuevos abogados”, manifestó Marisol al explicar cómo responder a tantas exigencias.
La doctora Molina se recibió de abogada en 1993 y ejerce la profesión desde 1995. “Debí posponer mi inicio en el ejercicio cuando nació mi primera hija, Abril, quien llegó a este mundo justo cuando me recibía y, por supuesto, elegí ejercer la profesión de mamá, en primer lugar”.
¿Qué le gustó de la abogacía que la escogió de entre otras muchas profesiones?
Siempre me gustó, desde que tengo uso de razón. Me revelaba ante las injusticias y las desigualdades. No soportaba, y aún me revelan esas situaciones. Empecé ejerciendo con un grupo de jóvenes abogados, recién recibidos, y nos dedicábamos precisamente a la atención de personas que por razones económicas no tenían o se les dificultaba el acceso a la justicia, a través del asesoramiento gratuito. Esa experiencia nos dio después la posibilidad de insertar en el Colegio una oficina de consultoría jurídica con el acompañamiento de colegas de más experiencia que oficiaban de tutores y nos ayudaban desinteresadamente. Así me fui formando.
¿Qué tan difícil es para la mujer litigar en un ámbito tradicionalmente masculino?
En realidad, nunca tuve inconvenientes. Además, de un tiempo a esta parte eso ha ido cambiando pues cada vez es más alta la inserción de la mujer en esta profesión, lo cual ha ido forzando el cambio de mentalidad en ese sentido.
Por otra parte, considero que también dependen de las propias mujeres el cambio, ya que a veces somos nosotras mismas quienes damos lugar a la discriminación o fomentamos esa concepción.
Más que ser un ámbito masculino o machista, esta es una profesión que tiende al individualismo y es por lo que tenemos que trabajar, para lograr un foro más solidario y comprometido entre los colegas.
De por sí es un ejercicio que demanda mucho tiempo y energías, ¿cómo se reparte una profesional entre el trabajo y la vida familiar?
Es muy difícil. Los horarios y compromisos no siempre nos ayudan. Muchas veces, con el dolor en el alma, nos vemos forzados a relegar a la familia. Se torna más duro cuando la abogada además trabaja en relación de dependencia pues debe dividirse entre su hogar y la familia, el trabajo y los tribunales. Y si a ello se le suma otro tipo de actividades, como en mi caso la institucional del Colegio, el trajín diario se hace muy difícil. Pero con compromiso, organización y dedicación, se puede responder a las distintas facetas que tiene una abogada, como profesional y como madre de familia.
¿Qué rol juega la familia en medio de las obligaciones laborales y de colegiatura?
Por supuesto que es mi sostén, y muchas veces mi contención. Sus justos reproches me despiertan de la vertiginosidad de la profesión y de mis actividades en el Colegio, cuando estoy muy absorbida. Me dedico mucho a la rama del derecho de familia y las cosas que veo a diario me hacen valorar y agradecer la familia que tengo. Sin dudas, jamás dejaré de agradecerles por su apoyo constante y por su tolerancia. Mis hijos, muchas veces me resignan pero también me alientan. Quiero dejarles como enseñanza que nada se consigue si no se trabaja con compromiso, amor y responsabilidad. Amor a uno mismo, amor por la familia, amor al prójimo, amor por sus ideales.
Teniendo tantas ocupaciones entre el trabajo y la vida familiar, ¿por qué escogió sumarse a la colegiatura?
Creo que la colegiatura me absorbió y me eligió. Como ya lo dije, me inicié en la profesión con un grupo de jóvenes abogados, nos insertamos en el Colegio a partir de la creación de la colegiación pública, creamos la comisión de jóvenes abogados y así empecé e involucrarme en la dirección del Colegio. Al impulso de la juventud sume la experiencia que la vida institucional te da día a día.
¿Qué mensaje deja para las abogadas y los abogados que empiezan a transitar este camino?
No pierdo de vista que todos empezamos igual. No quiero que todos los jóvenes abogados padezcan lo que muchos hemos padecido al inicio de nuestra profesión, sin tener para montar un estudio, sin contar con contactos o referentes en la profesión que nos ayuden. Si bien en mi caso tuve la suerte de contar con la ayuda y guía de colegas mayores, la gran mayoría de colegas que recién se inician tienen esa dificultad.
La actividad judicial es dura y muchas veces ingrata, por eso los invito a sumarse para trabajar en respuesta a esas demandas latentes, muchas de las cuales se están resolviendo con los beneficios que el Colegio incorporó en los últimos meses.
También, los animo a sumarse para lograr un Colegio participativo, pues de nada sirve el desencuentro o que estemos divididos si nuestro objetivo es común: ser un instrumento para que se imparta justicia, debemos contribuir para lograr un sistema de justicia eficiente, igualitario y que llegue con la rapidez que los justiciables lo necesitan. Debemos conciliar y reconciliar al sistema judicial con la sociedad. Y, por sobre todo, responder a las necesidades actuales del colegiado, en todos los órdenes, no sólo en lo profesional.
Para finalizar, unas palabras para las abogadas correntinas, que dejan largas horas en los tribunales o estudios jurídicos, relegando, sin querer muchas veces, la atención en el hogar.
A ellas les doy todo mi aliento y las insto a no bajar los brazos, a amar la profesión que eligieron, a que se esfuercen para tratar de compatibilizar la vida familiar, con la profesional y laboral. Si bien, es una tarea difícil, debemos pensar que la Abogacía tiene que ser una herramienta para que podamos vivir en una sociedad segura, mas justa e igualitaria y en definitiva, es ese el anhelo que tenemos para nuestros hijos y por lo que luchamos día a día.
A todas mis colegas les deseo un Feliz Día de la Madre y que puedan ser reconocidas y valoradas desde su familia como una Mujer plena y Súper MAMA.